Siendo yo un veinteañero estudiante de postgrado en EE.UU. a fines de los 80, en medio de una catarsis colectiva sobre lo que nos depararía el futuro a un grupo de compañeros de curso, uno de ellos, oriundo de Guajaca, México, hizo la siguiente reflexión: “No sé si ganarme la vida en la política o en los negocios”. Seguramente por el rechazo nauseabundo que me generó dicho comentario nunca más lo olvide.
A mi modo de ver, la política y el servicio público no pueden ser entendidos como una alternativa de negocio, como se desprende del comentario de mi compañero “cuate”. Por el contrario, siempre he creído que el perfil ideal de un servidor público es aquel que goza de plena independencia económica antes de ingresar al servicio público y no como consecuencia de su paso por el gobierno.
Esta es semana de nombramientos. Entre hoy y mañana conoceremos el tan esperado gabinete de Sebastián Piñera, y en el curso de esta y la próxima semana debiera esta nombrado la mayor parte de su equipo de gobierno. El Presidente electo ha insinuado que armar el gabinete le ha resultado más difícil de lo esperado. Eso, a mi juicio, es una muy buena señal. Quiere decir que en la formación de su equipo de gobierno se ha privilegiado a personas que por ser buenas en lo que hacen tienen un alto costo alternativo, y la decisión de dejar todo e ir a trabajar al gobierno les significa un sacrificio importante. Con este criterio es poco probable que en el equipo de gobierno se hayan “colado” personas, que, como mi amigo mexicano, en vez de servir a Chile se quieren servir de Chile.
Nuestro país tiene una larga tradición de servidores públicos que son, como decía Portales, modelo de virtud y patriotismo. Estos hombres y mujeres no non monopolio de un partido político en particular, existen en todos ellos y son un activo de todos los chilenos que debemos fomentar y cuidar. La gente es consciente y valora estas características en nuestros servidores públicos. No me cabe duda de que, en buena parte, es esto lo que explica la aparente contradicción entre la alta popularidad de la Presidenta Bachelet, que es percibida como una mujer genuina y desinteresadamente preocupada por el bienestar de Chile y de los chilenos, y la baja adhesión de la Concertación, que fue poco a poco siendo capturada por personas que militaban en ella y trabajaban en el gobierno con el único afán de ayudarse a ellos mismos.
Chile es tierra de gigantes, y no me refiero a “La Pequeña Gigante”, sino al numeroso contingente de servidores públicos que antes y ahora han dedicado sus vidas al servicio del país. Los ejemplos son siempre injustos porque dejan fuera a mucha gente valiosa, pero por otro lado ilustran más fácilmente los conceptos. Hombres como Edgardo Boeninger y Jaime Guzmán, que en paz descansen, son ejemplos a emular para las nuevas generaciones. El propio Sebastián Piñera, que se anima a cambiar la cómoda vida a la que muchos aspiran, casa en el lago, deporte y vuelos en helicóptero, por la pesada carga de administrar un país, o René Cortázar, que acepta pasar de la tranquilidad de una vida que le permitía visitas diarias al gimnasio a administrar la pesadilla del Transantiago. Gente como ellos hacen que este país tenga de veras la posibilidad de convertirse en una gran nación, la primera de nuestro continente que ingrese al selecto grupo de los países desarrollados hacia el final de esta década.
Démosles una gran bienvenida a los nuevos servidores públicos que serán nombrados en estos días y que entrarán oficialmente en funciones el próximo 11 de marzo. Recibámoslos esperando que hagan las cosas bien y no deseando que se caigan para darles patadas en el suelo. No denostemos livianamente a los políticos y al servicio público, eso aleja a la gente decente de esta noble actividad y atrae a gente como mi compañero mexicano. Si no se convence solo, dé una mirada al otro lado de la cordillera. n
Démosles una gran bienvenida a los nuevos servidores públicos que serán nombrados en estos días y que entrarán oficialmente en funciones el próximo 11 de marzo. Recibámoslos esperando que hagan las cosas bien y no deseando que se caigan para darles patadas
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