Sexo, drogas y dinero.
Los tres ingredientes más explosivos de cualquier drama policial… como para una película de Martin Scorsese.
En el edificio del Conservador de Bienes Raíces los ánimos están encendidos. Desde el lunes, los funcionarios que diariamente llegan a la calle Morándé, casi esquina de Compañía, se dieron cuenta que algo raro pasaba.
Acababa de hacerse público un caso de presunta extorsión cuyo epicentro estaba justo ahí. Y, ni más ni menos, en el despacho de la máxima autoridad de ese edificio.
El primer indicio fueron las medidas de seguridad que adoptaron los guardias. A partir del lunes, ningún extraño puede subir al segundo piso sin la autorización comunicada directamente al vigilante, proveniente de uno de los secretarios de los tres conservadores que trabajan ahí: Luis Maldonado Croquevielle, afectado por el intento de extorsión; Kamel Saquel, conservador de Prohibiciones e Interdicciones; y Edmundo Rojas, conservador de Hipotecas. El segundo tomó unos días a partir de ayer y el tercero se encuentra de vacaciones.
El mandamás es Maldonado, en su calidad de conservador de Bienes Raíces, uno de los cargos más codiciados en el país y de los más rentables (mucho más que ser notario). De perfil bajo, nunca antes había dado que hablar el abogado hijo del ex presidente de la Corte Suprema Luis Maldonado Boggiano (1988 al 91) y hermano de la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado.
Sorprendió cuando anteayer llegó hasta el palacio de los tribunales para dar la cara y denunciar la supuesta “extorsión”.
Valiente, dijeron unos. Pero en realidad lo que estaba haciendo el Conservador de Santiago era cumplir con la ley, puesto que la “extorsión” afectaba a un funcionario público. El llamado presuntamente extorsivo había sido hecho —aparentemente— desde el edificio del Conservador, y la voz del mensaje extorsivo era la de un empleado de ese edificio.
Desde el primer momento, Maldonado entendió que lo estaban intentando chantajear para sacarle plata. Pero el cuento no era sólo la plata… además de su imagen pública y de cómo afectaría esto al Poder Judicial, estaba la repercusión que la historia podía tener en sus tres hijos y en su mujer.
Le pidió consejo al estudio de abogados de Luis Ortiz Quiroga. Ahí le sugirieron que contestara que regresaría de vacaciones a fin de mes (era 13 de febrero) y que entonces podían conversar. Pero los presuntos extorsionadores le respondieron que no; y fueron categóricos: si no entregaba al día siguiente la plata, divulgarían unas fotos suyas con una mujer.
¿Y quién es ella?, se preguntaron muchos. ¿Y qué muestran las fotos?, inquirieron otros. Y en ese momento salió a la prensa la protagonista de las fotos, una estupenda mujer amparada tras sus lentes de sol. Y dijo cosas que parecieron terribles: que era menor de edad cuando pasó lo que pasó (nadie sabe exactamente qué ocurrió, pero sí que hubo una relación amorosa), y lo acusó de haberla inducido a la prostitución y a las drogas.
Fue justo al día siguiente de esas crudas declaraciones cuando el conservador llegó a los tribunales a contarle al ministro Alberto Chaigneau lo que le estaba ocurriendo.
Pero, ¿cómo surgió todo?
El hilo partió cortándose por lo más delgado, como suele ocurrir.
(Continúa en la página 59)