Viernes 18 de Abril del 2008
Página: 78
 

Delfina Guzmán: “Descubrí la belleza del otoño de la vida”

Los ochenta años pueden ser una época de descubrimiento. Al menos lo ha sido para Delfina Guzmán, quien está rodando “El reloj” en las Termas de Chillán (ver reportaje en pág. 75). Allí, por primera vez, la actriz supo del placer de los masajes y de las aguas termales. “Paso chapoteando en la piscina porque es una maravilla. Es una revelación: ver cómo el cuerpo reacciona frente a este estímulo tan amable, tan tierno, tan afable”.

La palabra descubrimiento es recurrente en estos días para ella y es que la película ha sido toda una revelación. Lo es para su personaje de Carmen, quien vive unas vacaciones propias de la tercera edad, pero también para ella.

“Este ha sido un descubrimiento en todo sentido. En primer lugar, descubrir cómo la naturaleza explica el otoño, cómo lo cuenta y cómo lo narra. Es lo que la película hace: narra el otoño de todos estos personajes. La belleza del paisaje en el otoño es lo mismo que cuando los personajes descubren la belleza de esta etapa de la vida. Yo lo siento así. Siento que es el mayor mérito que tiene la película”.

Aunque dice que se ha asombrado con su capacidad para bajar y subir quebradas, como lo demanda la filmación en medio del bosque, reconoce que las filmaciones en exteriores la tienen con calambres en las noches. “Hemos tenido que bajar por unos precipicios bastante desafiantes. De repente me siento haciendo turismo aventura”.

Gracias a la coordinación entre los productores de “El regalo” y los de “Viuda alegre” (TVN), la actriz puede ausentarse para grabar sus escenas de la teleserie.

Otra cosa que le encanta es el reencuentro con un grupo de amigos y actores que han sido colegas y cómplices por décadas, como Héctor Noguera, Gloria Münchmeyer y Nelson Villagra. “Volver a encontrarse es volver a repetir ese lenguaje que siempre ha resultado, que es el lenguaje de la confiabilidad. Tú confías en el compañero, tú sabes que estás haciendo las cosas de a dos, que es un tango que se va a ir entre dos”.

—¿No hay sorpresas entre ustedes?

—Las hay, pero nunca es el temor a que ocurra algo que uno no pueda manejar. Es siempre la confianza absoluta en el compañero y eso es realmente una maravilla. Y después la confianza que también dan Cristián y la Andrea (los directores). Ellos en todo momento han dicho que nosotros somos las únicas personas que podemos hacer estos personajes, entonces nos sentimos más que con una responsabilidad, con un diploma de expertos en estas personas. Es muy bonito eso.

Una hora y media de maquillaje

Una cosa que no le gusta es la hora y media de maquillaje y peluquería diario que requiere su personaje. “Eso me latea un poco, pero también es un regaloneo. Es un poquito largo porque el cine es muy delicado, muy riguroso en eso. La televisión es más bien una manera de hacer las cosas en serie. Tú eres una de las tantas que pasa por maquillaje, que es una especie de oficina pública, burocrática. Esto es más individualizado, con más espacio y tiempo”.

Al contrario de sus colegas de elenco, ella no ha hecho mucho cine. Por eso valora y rescata lo que llama “el rito”: “Es decir, cuando todas las voluntades, mentes y capacidades están puestas al servicio del trabajo. De repente, en los sets de televisión uno cree que está en una discotheque y no en un espacio donde se está creando y trabajando. El cine me ha devuelto esa sensación de rito que es muy parecida a la del teatro. Como decía Agustín Siré, «el teatro es un templo». Yo creo en eso, creo en el rito. Es una actitud comunitaria y compartida”. n


 
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