Viernes 20 de Marzo del 2009
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PILAR SORDO, a corazón abierto, relata la muerte del amor de su vida: “Estoy súper agradecida del cáncer”

(Viene de la página 8)

Está delgada como nunca.

Regia, radiante y vital.

Hasta sonríe y bromea. Y se preocupa de que la blusa le combine con el tremendo anillo que luce.

Así, a simple vista, no se le nota la pena negra que lleva en el corazón.

Pilar Sordo, la exitosa psicóloga y superventas, tiene el alma deshecha: hace 24 días murió Oscar, el amor de su vida, de un fulminante cáncer de páncreas. Lo conoció en 2007 y a los diez días ya pololeaban. Se vieron por primera vez durante una charla que ella dio en la minera Los Pelambres, donde él era gerente: “Me encantaron sus canas, su sonrisa maravillosa. Era un caballero a la antigua, un ser de otro planeta. El click fue de inmediato. Y yo creo que él también lo sintió así”.

Un año más tarde le detectaron la enfermedad. Y Pilar tomó la decisión de dejar todo —trabajo y familia— para dedicarse full time a su cuidado.

Hoy penden de su cuello dos pequeñas cruces doradas, recuerdo de la ceremonia de “bendición del amor” que tuvieron una semana antes de que él muriera. Símbolos de aquella gran cruz que debió cargar durante un romance marcado por “la bendición del cáncer”, como le gusta decir a ella.

Como parte de su propia terapia de sanación aceptó la propuesta de “La Segunda” para contar su conmovedora historia. “No fue algo dramático”, comienza explicando: “Ha sido lo más maravilloso que he vivido en mi vida”.

Es ella, Pilar Sordo la “mujer”, quien habla en esta entrevista. Por eso se quiebra y llora al recordar a Oscar.

Aunque finalmente —y en un adelanto prematuro del libro sobre el cáncer que piensa escribir— es Pilar Sordo la “psicóloga” la que explica su fabulosa forma de vivir el duelo.

“Nunca me habían amado como lo hizo ese hombre”

—Según uno de sus consejos como psicóloga más difundidos, las personas podemos “decretarnos” en estado de felicidad, más allá de las circunstancias. ¿Usted ha podido hacerlo después de este trance tan doloroso?

—Todavía no he decidido decretar mi felicidad, a casi un mes de la pérdida de Oscar. Pero yo me siento plenamente feliz, independientemente del duelo y de mi tristeza… y de mi llanto y malos momentos. No creo que yo pueda superar todo esto, sino que aprenderé a vivir con esto. De hecho estoy triste, pero siento que mi vida tiene sentido. Me siento tremendamente privilegiada por la relación que tuve. Yo soy intensa para amar y creo haber entregado una muy buena calidad de amor, pero a mí nunca me habían amado como lo hizo ese hombre. Y eso fue marcador. Por eso es que mi pena no es con su partida, sino con lo que yo lo extraño ahora: el problema es mío. Sé que él está feliz, libre de dolor y cerca de mí. Y lo demás es problema mío y de quienes lo queríamos. Me va a hacer falta siempre. Y por eso sí puedo decir que soy feliz, a pesar de esta enorme tristeza y del duelo. Fui súper privilegiada.

—¿Qué es lo que más echa de menos?

—Una de las cosas que hacen que yo tenga más pena es que construimos una relación de muchas complicidades, antes de que él estuviera enfermo: él era mi mejor amigo, teníamos secretos, conoció todas mis miserias y debilidades, así como mis triunfos y fortalezas. Y yo también las de él. Lo que más extraño es eso: alguien con quien conversar y regalonear.

Nos mandábamos mensajes de texto antes de quedarnos dormidos… y a mediodía. Teníamos un maravilloso ritual para estar siempre en contacto, aun cuando estuviéramos lejos geográficamente.

—Cuando le detectaron el cáncer a Oscar, usted contó que el cáncer era una experiencia de vida. ¿Qué quiso decir?

—Yo estoy súper agradecida del cáncer. El cáncer fue una instancia maravillosa de darle un nuevo significado a su vida y la mía. A pesar de ser una enfermedad, nos sanó en muchas cosas a ambos. El hecho de que yo renuncié a todo tras su diagnóstico y haberme dedicado sólo a él, es lejos una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Si yo a Oscar lo hubiera perdido en un accidente de tránsito, así… de repente… pucha, te juro que no sé qué hago.

Poder saber cuándo se iba a morir le permitió despedirse de cada una de las personas que él quería: de sus hijos y de los míos, de las nanas, de su madre y hermanos. Nos dejó tareas a cada uno. Le permitió firmar lo que tenía que firmar, cerrar lo que tenía que cerrar.

“Por petición suya, aceleré el proceso para que él partiera”

Y añade:

—El hecho de haber luchado para que él partiera tal y como él quería, me hace muy feliz. El quería morir en Viña de Mar, frente al mar, en su pieza, con las ventanas abiertas de par en par, junto a las gaviotas. Y así fue. El que haya partido en mis brazos… y que lo último que dijo fue “Te amo”, mientras me apretaba la mano con fuerza… ¡No puedo no estar agradecida de todo eso…!

A Pilar se le quiebra la voz:

—El tenía que partir. Desde chico nos enseñan a tener sentido de propiedad respecto de todo: mi auto, mi casa, mi marido, mi todo… y eso dificulta mucho los duelos, porque a la larga nada nos pertenece, todo es transitorio. Esa experiencia ha sido súper fuerte en mi caso. No tengo ningún drama con que Oscar se haya ido. De hecho yo aceleré el proceso para que él partiera, por petición suya, porque necesitaba lucidez para irse, porque no quería estar en la clínica.

—¿Usted le quitó la asistencia médica?

—En Chile el 90% de la gente se muere en las UTI, generalmente solas, sin visitas. Y yo necesitaba que él partiera en su casa, donde él quería, con la ventana abierta, escuchando el ruido del mar.

En esta sociedad eso no está permitido, primero, porque faltan cojones: a las familias, para sacar a sus enfermos de las clínicas por un tema de mantenerlos vivos de puro egoísmo; a los médicos, para soltar y reconocer que no hay vuelta que darle. Siento que hay un ensañamiento médico en Chile que no piensa en un buen morir de la gente.

Llegan deudas, se van los premios

Así recuerda Pilar la última noche de Oscar en la clínica: “La última internación que él tuvo fue para estabilizarlo en un montón de cosas y sacarle agua de sus pulmones… Le dije a la doctora ‘Me lo llevo’. Y ella, con mucho cariño, me dice que Oscar no está preparado para irse. Entonces le pregunté si iba a llegar el minuto en que me dijera que él estaría tiqui-taca… ¡No! Me iba a llamar a las 3 de la mañana para contarme que había fallecido por alguna descompensación cardíaca o respiratoria. Y yo no quería eso, y él tampoco. Así que le dije que me lo llevaba a casa”.

—¿Qué costos le significó dedicarse full time a él?

—Corrí varios riesgos, significó endeudarme y asumir los costos económicos de abandonar mi profesión… ¡los costos del ego! Dejé toda mi pega a un lado, sobre todo desde el 7 de noviembre, cuando fue su primera intervención. El diagnóstico fue el 19 de mayo (de 2008). Significó dejar de ser protagonista, perder la posibilidad de algunos premios… significó desaparecer. También significó dejar de lado a mis hijos y postergarlos en varias cosas, y también meterlos en un proceso duro, porque ellos amaban a Oscar profundamente… los metí en esto porque, aparte del dolor, yo sabía que sería un tremendo aprendizaje para ellos.

—Las mujeres —es algo que usted suele decir— son “pegajosas” y a veces nos agobian a los hombres…

—¡Sí!, pero luché contra los ataques de mina que a veces nos da por estar encima del otro todo el rato, de preguntarlo todo, de agobiar. Aunque más al final yo sentí que era necesario estar pegada a él. Muchas veces fui una hinchadora, me equivoqué mil veces entremedio, insistí en ene cosas que hoy creo absurdas. El tenía alteraciones de conciencia que yo no cachaba y le reclamé cosas que él no entendía. El cáncer de páncreas tiene la característica que desafecta a las personas, las desconecta afectivamente de los demás… entonces había días en que yo me sentía transparente, en los que él estaba en otra y no me pescaba. Pero su calidad de vida fue muy buena hasta el final. Enero fue un mes maravilloso, de luna de miel espectacular…él tenía un drenaje y otros impedimentos, pero fue un mes precioso, de cuento.

Las cruces y su “matrimonio por Fonasa”

—¿Le hubiera gustado casarse con él?

—Una semana antes de que él partiera hicimos una ceremonia de bendición de nuestro amor. No nos podíamos casar. Según el padre Felipe Berríos, que hizo la ceremonia, fue una especie de matrimonio por Fonasa. Y la argolla no representaba lo que estábamos atravesando en ese momento y por eso elegimos estas cruces (que lleva al cuello). Y me quedé con su mejor herencia, que fue su amor.

—¿Qué les aconsejarías a quienes tienen cerca a alguien enfermo?

—Cuando uno reciba la mala noticia sobre alguien a quien ama, llega el momento de poner a prueba el amor. Es muy fácil amar cuando todo está bien, no cuesta nada, es rico. Pero para nosotros el cáncer fue una experiencia deliciosa, no fue una tortura. Y eso tiene que ver con el amor que nos teníamos. También tuvimos problemas, discusiones que antes no habíamos tenido… cosas relacionadas con mi angustia de que él supiera conectarse con el proceso de disfrutar lo que le quedaba de vida.

—¿Cómo se puede disfrutar de la vida en esas circunstancias?

—Yo andaba ansiosa por disfrutar cada minuto con gran intensidad. Entonces aprendí a hacer un juego con mi cabeza: cuando él estaba vivo, mi batalla permanente era no proyectarme al futuro. Cuando me proyectaba, entonces me quedaba la cagada y lloraba. En cambio, cuando estaba conectada con el presente era inmensamente feliz, porque lo tenía a él a mi lado.

Ahora, que él ya no está, vivo la mitad del día con mi cabeza en el pasado… porque cuando me conecto con el presente se me genera una tristeza horrorosa, y cuando me proyecto al futuro, sin él, siento una debilidad interna gigante. No sé si me la voy a poder. Y ando tonta… les tomo el olor a las cosas que él dejó. Cometí la tontera, después de lanzar sus cenizas al mar, de comprarme su perfume y lo echo en mi departamento… su olor es como si él viniera. Eso, en realidad, es bien masoquista: irremediablemente me produce llanto.

Su estreno en TV: “Voy a partir contando como estoy”

—El lunes comienza a trabajar como animadora de un programa en TV (“Digan lo que digan” en TVN)… ¿Se puede sonreír a las cámaras con esta mochila de recuerdos?

—Voy a partir contando como estoy. Después podré ponerme a bailar regaetton si es necesario. Pero el programa surgió mágicamente con Oscar. Me llamaron de TVN sabiendo lo que yo estaba viviendo, fueron a Viña a hablar conmigo. Oscar participó en el piloto. La idea es que mi propuesta de “decidir ser feliz” sea el sello del programa. Creo que no hay nada más sanador cuando uno tiene un dolor que ayuda a otros. Y para mí va a ser súper sanador, porque mi pena es un proceso íntimo.n

(Continúa en la página 10)
 
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